Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 9, 11b-17
En aquel tiempo, Jesús hablaba del reino y sanaba a los que tenían necesidad de curación. El día comenzaba a declinar. Entonces, acercándose los Doce, le dijeron: «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado». Él les contestó: «Dadles vosotros de comer». Ellos replicaron: «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para toda esta gente». Porque eran unos cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: «Haced que se sienten en grupos de unos cincuenta cada uno». Lo hicieron así y dispusieron que se sentaran todos. Entonces, tomando él los cinco panes y los dos peces y alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos de trozos.
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
«Dadle vosotros de comer». La Eucaristía siempre ha sido importante para los cristianos. Menos de veinte años después de la muerte y resurrección, Pablo escribe a la comunidad de Corinto una carta donde dice: «He recibido una tradición que viene de Jesús y que así mismo os quisiera entregar». Esta tradición es la Eucaristía. La Eucaristía es un misterio de fe y de amor. La participación en la Eucaristía nos hace más fuertes en la fe. Es verdad que quienes venimos a misa no somos mejor que nadie, sino que venimos a la Eucaristía porque hemos descubierto en ella la gracia que fundamenta nuestra vida, que transforma nuestra sensibilidad, que sana heridas y miserias. La Eucaristía es un misterio de amor. En la Eucaristía se fortalece nuestro amor al Señor y a los hermanos. No es extraño que el día del Corpus sea de la caridad, el día de Cáritas. Lo hemos escuchado hoy en el Evangelio: «Dadle vosotros de comer». Es imposible vivir de la Eucaristía y no sentir la necesidad de llevar el amor a los demás. Recordamos en este día a los pobres, a los más necesitados, con nuestra oración y también con nuestra solidaridad. Gracias, Señor, por no ser indiferente a nuestras vidas y colmarnos con tu gracia. Gracias, Señor, por regalarnos el pan de cada día. Gracias, Señor, porque tu cuerpo y su sangre nos ayudan a caminar y a vivir contigo. Danos siempre de tu pan, Señor.
