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HOJA PARROQUIAL 24 DE MAYO DE 2026

DOMINGO 31 DE MAYO DE 2026 DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (Jn 3,16-18)

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Palabra del Señor.

MEDITACIÓN

El Evangelio de hoy nos recuerda que la revelación de la Trinidad ha ido unida al designio redentor. Dios nos ha amado tanto que entregó a su Unigénito. Se ha revelado amándonos… porque nos ama. Podría habernos redimido de otra manera, manteniendo el anonimato o a través de intermediarios que mantuvieran oculta su identidad. Pero en la misma revelación se manifiesta la profundidad inabarcable de Dios. El Padre se nos da a conocer a través del rostro del Hijo, el Espíritu Santo es el que nos enseña a reconocer a Cristo; y el mismo Espíritu Santo permanece en la invisibilidad, aunque lo reconocemos por el rumor de sus acciones y los frutos que produce.

Aún con nuestro lenguaje impreciso y balbuciente, lo que sabemos nos llena de consuelo y alegría. Para el corazón amante, el conocimiento de que nunca agotará el amor de Dios no lo desalienta, sino que dilata su deseo. Pero eso no lo arranca del mundo, ni lo aparta de la naturaleza sensitiva ni de las preocupaciones humanas. Al contrario, «porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él». El misterio del amor trinitario se nos da a conocer en el misterio de la Cruz. El amor se ha encarnado y nosotros lo hemos conocido y recibido la salvación.

DOMINGO DEL CORPUS CHRISTI 7 DE JUNIO DE 2026

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (Jn 6, 51-58)

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor.

MEDITACIÓN

La procesión con el Santísimo sacramento – característica de la fiesta del Corpus Christi- nos recuerda que estamos llamados a salir llevando a Jesús. Salir con entusiasmo, llevando a Cristo a aquellos que encontramos en la vida de cada día. Nos convertimos así en una Iglesia con el cántaro en la mano, que despierta la sed y lleva el agua. Abramos de par en par el corazón en el amor, para ser nosotros la habitación amplia y acogedora, donde todos puedan entrar y encontrar al Señor. Desgastemos nuestra vida en la compasión y la solidaridad, para que el mundo vea por medio nuestro la grandeza del amor de Dios. Y entonces el Señor vendrá, una vez más nos sorprenderá, una vez más se hará alimento para la vida del mundo. Y nos saciará para siempre, hasta el día en que, en el banquete del cielo, contemplaremos su rostro y nos alegraremos sin fin.

Señor Jesús, gracias por el admirable misterio de tu Cuerpo y Sangre, alimento que nos vivifica y fortalece. Quiero sentir hambre de ti, Pan bajado del cielo; hambre de tu amor, hambre de tu vida.

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