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HOJA PARROQUIAL 8 DE MARZO DE 2026

DOMINGO 15 DE MARZO DE 2026 – 4º DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 9,1.6-9.13-17.34-38)

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían: «El mismo».

Otros decían: «No es él, pero se le parece».

Él respondía: «Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó: «Que es un profeta».

Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo: «Creo, Señor».

Y se postró ante él.

Palabra del Señor.

MEDITACIÓN

A propósito de este Evangelio, señalaba Juan Pablo II: «El ciego de nacimiento representa al hombre marcado por el pecado, que desea conocer la verdad sobre sí mismo y sobre su destino, pero se ve impedido por una enfermedad congénita. Solo Jesús puede Curarlo: Él es “la luz del mundo”. Al confiar en Él, todo ser humano espiritualmente ciego de nacimiento tiene la posibilidad de “volver a la luz”, es decir, de nacer a la vida sobrenatural»

También comentaba Benedicto XVI: «El milagro de la Curación es el signo de que Cristo, junto con la vista, quiere abrir nuestra mirada Interior, para que nuestra fe sea cada vez más profunda y podamos reconocer en Él a nuestro único Salvador. Él ilumina todas las actividades de la vida y lleva al hombre a vivir como “hijo de la luz”».

DOMINGO 22 DE MARZO DE 2026 – 5º DOMINGO DE CUARESMA

Lectura del Santo Evangelio según San Juan (Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45)

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará».

Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron: «Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.

MEDITACIÓN

¿Este Evangelio, qué nos dice a nosotros ya en la recta final de la Cuaresma? La resurrección de Lázaro nos recuerda el bautismo, pero a los que ya no sabemos amigos del Señor también nos habla de la posibilidad de haber vuelto a pecar y de recuperar la vida de la gracia. Las palabras de Marta – «ya huele mal porque lleva cuatro días»- apuntan a la desesperación del que cree que ya no puede cambiar de vida. Pero la voz del Señor es potente. El poder de Jesús sobre la muerte física es signo de su poder sobre la muerte espiritual.

Comentó el Papa Francisco: «Él nos invita, casi nos ordena, salir de la tumba en la que nuestros pecados nos han sepultado. Nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que estamos encerrados, contentándonos con una vida falsa, egoísta mediocre».

Como recuerda el salmo, «del Señor viene la misericordia, la redención copiosa». El gesto de Jesús es el signo de su amor, y la resurrección de Lázaro nos indica hasta qué punto nuestra vida puede ser transformada.

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