DOMINGO 15 DE FEBRERO DE 2026 – 6º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo: Mt 5,20-22a.27-28.33-34a.37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será reo de juicio.
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado.
Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio».
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
También habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus juramentos al Señor».
Pero yo os digo que no juréis en absoluto. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
Desde nuestra participación en la vida divina que se nos ha comunicado por la gracia, descubrimos la profundidad de los mandamientos de la ley. Señalaré dos puntos.
El primero es el conformismo. Jesús nos enseña: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos». No parece que el Señor se esté refiriendo a una tabla de clasificación como animándonos a alcanzar un nivel superior. Mejor hemos de pensar que se trata de otra manera de entender la justicia. La de los escribas y fariseos se regían por una medida humana, que podía ser muy exigente, pero podía quedar al margen del contenido fundamental de la ley. Al final del capítulo, el Señor desvelará la nueva medida: «Sed perfectos como vuestro Padre celestial», y nos hablará de amar a los enemigos y de rezar por los que nos persiguen.
El segundo punto es que Jesús contrapone lo que se dijo a los antiguos («Habéis oído») a lo que Él dice («pero yo os digo»). Como se ha señalado, Jesús, al hablar de esta manera, señala su condición divina. La antigua ley estaba esperando a su intérprete definitivo. Pero, además, ese «yo os digo» de Jesús nos indica que Él sigue siendo la referencia a la que hemos de dirigirnos en todo momento.

DOMINGO 22 DE FEBRERO DE 2026 – 1º DOMINGO DE CUARESMA
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo: Mt 4,1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó: «Está escrito: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: «Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras»».
Jesús le dijo: «También está escrito: «No tentarás al Señor, tu Dios»».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto»».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.
Palabra del Señor.
MEDITACIÓN
El diablo dirige su ataque al mesianismo de Cristo, a su condición de hijo de Dios. Las tres interpelaciones se dirigen a que instrumentalice a Dios para obtener algún beneficio. Las propuestas del diablo no solo son atrayentes, sino que pueden ser percibidas como de una urgencia inaplazable: el problema del hambre, vivir en la fascinación separada de la verdad y un gobierno que garantice el orden y la justicia mundana. Ciertamente no podemos entrar en el alma humana de Cristo, pero no debemos minimizar la prueba por la que pasó.
Señaló André Louf: «Precisamente por ser hombre y Dios, se puede suponer en Jesús una sensibilidad tanto más perfecta y refinada, de forma que mucho más que cualquier otro hombre, tuvo que sufrir una angustia de la que nuestras propias tentaciones no son sino un débil eco».
Jesús nos recuerda que el criterio no reside en lo que nos parece que necesitamos, sino en la fidelidad a Dios. Precisamente, en el inicio de la Cuaresma, esta escena nos recuerda también el peligro de malinterpretar la misma Sagrada Escritura. El diablo la utiliza intentando apartar a Jesús de su misión. Las tres respuestas del Señor nos indican la dirección adecuada: preferir a Dios a sus dones; buscar su camino y no querer forzarlo a que enderece el nuestro; no anteponer ningún logro económico, social, político o de cualquier clase a Dios, el único que ha de ser adorado.
